«Manuel Girón se permite mezclar realidad y ficción, con humor e ironía, estableciendo un juego en el que participa el autor, sus personajes y el lector, este último obligado por la fuerza y la tensión de la narración que le va envolviendo a la vuelta de cada página, en ocasiones se añade al juego el equívoco provocando la hilaridad y la sorpresa.


El autor nos asombra con sus ideas, planteamientos y fabulaciones, manteniendo a la vez los pies fuertemente anclados en la realidad.

La obra literaria de Manuel Girón constituye una magnifica y grata sorpresa, una recopilación de ideas con un indudable trasfondo poético.»   


Begoña Peris 

Presidenta del Club del Libro en Español

Naciones Unidas

Ginebra 2014



GATO NEGRO

La escena empieza con un gato negro que con grandes ojos de perplejidad dirige su mirada hacia una señora de unos setenta años que le llama la atención por haber desplumado y destripado a un pajarito que yace a unos cincuenta centímetros del felino. La forma como la señora regaña al gato puede considerarse políticamente correcta porque está exenta de ira o rabia; puede decirse que es más pedagógica que recriminatoria e intenta demostrar que un animal es capaz de cambiar su origen salvaje por la de un animal plenamente civilizado. 


El gato, que con el rabillo del ojo izquierdo observa al pajarito para rematarlo por si intenta resucitar, parece comprender las palabras que su propietaria le dirige, y hasta es posible interpretar en el fondo de su mirada un fugaz arrepentimiento que bien puede ser una simple ilusión. Acepta estoico el regaño aunque en el fondo le echa la culpa al pajarito por haberse puesto frente a sus bigotes ignorando que de un zarpazo lo podía desplumar. El instinto no entiende razones, y él como felino tiene la obligación de cazar aunque en casa no le falte comida. 


«Nunca me imaginé que serías capaz de tamaña crueldad» le recrimina la señora sin mostrar en su rostro malestar alguno. Se tiene la impresión de que son dos viejos conocidos que conversan continuamente, aunque para ser más justos uno habla y el otro escucha. Situación muy similar a la que se produce en una sesión de psicoanálisis entre paciente y profesional.


Naturalmente, a todos nos queda la duda de hasta qué punto el felino es capaz de comprender las palabras de la señora. La atenta postura del felino puede interpretarse como de total concentración aunque a veces se lama el bigote con la lengua ligeramente manchada de sangre. 


El sabe muy bien que es un gato porque su instinto natural le invita a cazar, aunque las fotos que circulan por Internet digan lo contrario mostrando un gato abrazado a un simpático pajarito como símbolo de ingenua amistad. 


Cazar sería lo que en realidad le gustaría hacer considerando que a veces su existencia es bastante aburrida al lado de la señora que le dirige la diatriba de la que no tiene la menor idea. Le fascinaría ser libre para ir donde quisiera y hacer lo que quisiese, pero como animal de compañía se ha acostumbrado a las caricias y la comida en casa.


Al fin parece que la propietaria ha dejado de gesticular y todo vuelve a la normalidad. Ella se encarga de recoger los restos del desafortunado pajarito mientras el gato se relame los bigotes. 


Toda la escena es absurda porque el instinto no entiende de razones. Pero sin absurdos la existencia dejaría de sorprendernos.


© Manuel Girón, 2017





Más información




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Lectura de cuentos del escritor y artista Manuel Girón en el marco del XXI Congreso de la  Asociación Alemana de Hispanistas.


Jueves 30 de marzo de 2017 | 19.00 horas | Senatssaal

Edificio principal de la Ludwig-Maximilians Universität München